Los cubos colocados perfectos en el cielo eran mayor atractivo que la presencia de quien estaba ahí. Su recuerdo vacilando en su mente era fuerte, profundo, hermoso, casi palpable.
¿Qué te ocurre? ¿Por qué sonríes?
El deseo ameritaba disimulo, reír era sospechoso, pero igual tenía que buscar la forma de expresar la fiesta de su alma…Sobre la mesa, los dedos se saludaban, buscando ideas, siendo cómplices del escape que estaba a punto de suceder...Solo quería pensar en algo, y que nadie interrumpiera. Imaginar a falta de hechos…transportarse aunque sea detrás de los pensamientos.
Uno, dos, tres y cuatro, haciendo espacio dentro. Acomodándose en las neuronas y liberando la tensión de una forma “legal”, sin que nadie dijera lo contrario a lo obvio. Tal vez era la única forma de poder irse de ahí con los ojos, y sonreír cuando para el mundo nada parece causar gracia alguna.
Uno, dos, tres y cuatro.
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