Hace un poco de la útlima vez que me detuve a escribir algo para compartir. No por falta de deseo, ni tiempo debo decir, pues siempre hay espacio para el desahogo y para expresarse. Se lo atribuyo más bien a que esa vez que lo hice, la causa aún me es amarga.
La inspiración llegó a mí como las gotas de lluvia a los tejados solitarios sobre esos suelos lejanos, testigos de una emboscada de pasión prohibida, de un oleaje de deseo y de una desenfrenada inquietud de sentir.
Ella tocó mi puerta, para avisarme que aún me esperan. -No desesperéis. Dijo el pensamiento, haciendo que sintiera y que me diera cuenta de que estaba abandonando lo que más quería. No ha sido a posta. Mi mente estaba enfrascada y sumergida hasta lo último en cuestiones que me alejaban de mí misma. De todos modos injustificable.
-¿Cómo pude permitírmelo? Fácil. Es simple dejarse arrastrar de la negatividad. -No seas tan negativa!
Pero si no lo soy, pensé y dije. En verdad sí me dejo llevar de ese plan a veces. Puede que por temor a sentir que realmente estoy siendo devorada por lo negativo, por el mismo hecho de no querer dejarlo entrar en mí porque no hay cabida para él. Es inevitable...
Cuatro paredes forradas de sentido. Personalidades distintas en papel pegadas allí, tan iguales al mismo tiempo. La luz era el aura del momento, del tiempo en el que la vida se reducía a ser vivida, a hacer sin pensar aunque se piense sin hacer luego.
Ella se manifestó como la brisa fresca que imaginaba sentir sobre mi rostro, porque la piel ardía, porque ardían las neuronas y calentaban las venas, la sangre, la esencia; obligando al sin sentido a reaccionar.
-Estas viva. Me dice mi espíritu. ¿Por qué me dejo morir a veces? ¿Por qué se ha alejado de mí el "piensa positivo" y ahora sólo me miento a mí misma la mayoría del tiempo? Me pregunto. Sólo se me ocurre echarle la culpa al abismo por el que todos hemos estado a punto de caer, el más peligroso de todos. El miedo.
El sonido del agua cayendo era suficiente para ensordecer al mundo y calmar la audiencia que aplaudía la carrera hacia el vacío que había mi mente. Perfecto para vivir lo que vale la pena, el aquí y ahora. El verdadero futuro.