diciembre 29, 2011

365 páginas de vida.

Leer algo que hayas escrito en el pasado, siempre trae recuerdos. Más si se trata de algo que ha significado algo, sea bueno o malo. En fin, cualquier cosa, pues todo termina siendo una de dos.
Leer una agenda justo estando en vísperas de un año nuevo, es un poco nostálgico. En unas cuantas páginas ves pasar trescientos sesenta y cinco días de tu vida. Es donde y cuando te das cuenta que el tiempo pasa igual de rápido que como se pasa de una página a otra. Y que no se busca nada mirando atrás, porque ya sabes lo que hay, ya lo viste y viviste.

Sonríes, ríes, lloras tal vez, te enojas, sorprendes… un sinnúmero de emociones juntas que terminaran juntitas en un solo lugar…el almacén del olvido y el baúl los recuerdos.

Todos los días está en tus manos hacer que al final de cada año, solo haya sonrisas al leer lo ocurrido durante ese período… tratar de no dejar una página vacía, pues son pocas las que trae el libro de la vida. Buscar cada día algo nuevo que hacer, así sea sentarte a observar cómo pasan las nubes sobre ti. Definitivamente todos los días se descubre y se aprende algo nuevo.

Como es sabido, y pues bastante trillado está; lo que pasó, ya fue. No hay nada contra ello. La preocupación de cada día debe ser tratar de hacer todo lo que te enorgullezca a ti mismo. Y tratar de dejar huellas bien marcadas a la biblioteca del mundo.

A ti, Luna.

Ella es sencillamente maravillosa. Procura estar siempre presente  y ayudar a esclarecer el camino. Su luz tenue e intensa a la vez, hace que nos sumerjamos en un oasis de sueños. Su redondez es única, una esfera tan grande, pero visiblemente tan pequeña que nos hace sentir parte de una realidad tan insignificante. Es tan bella y misteriosa, que nos deja con la incógnita de su ubicación real. 

¿Estará verdaderamente tan lejos? ¿Será cierto  que somos parte de su  mundo? O que, ¿Nosotros estamos pegados a él? ¿Quién la puso allí y la hace parecer tan sujeta? ¿Por qué al verla sentimos tanto y se hace el momento perfecto para pensar en todo y en nada?

Lo cierto es que nos gusta. Verla, hasta con los ojos cerrados, a veces hablarle; sentimos que en verdad nos está escuchando, provoca un efecto relajante y siempre nos deja con la esperanza o la certeza de que nos ha dado alguna señal celestial que nos guiará “sobre la marcha”.