diciembre 29, 2011

A ti, Luna.

Ella es sencillamente maravillosa. Procura estar siempre presente  y ayudar a esclarecer el camino. Su luz tenue e intensa a la vez, hace que nos sumerjamos en un oasis de sueños. Su redondez es única, una esfera tan grande, pero visiblemente tan pequeña que nos hace sentir parte de una realidad tan insignificante. Es tan bella y misteriosa, que nos deja con la incógnita de su ubicación real. 

¿Estará verdaderamente tan lejos? ¿Será cierto  que somos parte de su  mundo? O que, ¿Nosotros estamos pegados a él? ¿Quién la puso allí y la hace parecer tan sujeta? ¿Por qué al verla sentimos tanto y se hace el momento perfecto para pensar en todo y en nada?

Lo cierto es que nos gusta. Verla, hasta con los ojos cerrados, a veces hablarle; sentimos que en verdad nos está escuchando, provoca un efecto relajante y siempre nos deja con la esperanza o la certeza de que nos ha dado alguna señal celestial que nos guiará “sobre la marcha”.

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